Ser mujer, tener coche y no morir en el intento…

Hola,  ¿Qué tal esta semana? Vaya cambio de tiempo… me encanta!! Siento la  necesidad de quedarme  en casa y pensar. Pensar en nuevos proyectos que  me gustaría crear. Fórmulas para ungüentos, recrear recetas,  soñar en cómo me gustaría cambiar algunas cosas de mi hogar…Más tiempo para hablar con mi hija, con mi pareja, con el pájaro…Buscar información sobre cosas por las que siento curiosidad… El otoño nos da la posibilidad de renovar ideas para poner en práctica en el futuro.

Os dije que esta semana tocaba un post divertido, allá va la historia… Más bien es un relato corto tragicómico. Voy a intentar plasmar como me siento cada vez que tengo que relacionarme con los talleres mecánicos y su entorno.

Como todos los años, antes de comenzar el periodo vacacional,  llevo mi coche a hacerle una revisión. Evidentemente lo hago por necesidad. Ojala supiese hacer yo este trabajo!! Mi experiencia con los talleres casi nunca ha sido buena. Cuando sacas el coche del taller se suele estropear algo nuevo, y esto no puede ser siempre una casualidad, más bien es una causalidad (¿intencionada?).

-“Hola, Buenos días (es verano y vas vestida con poca ropa, evidentemente…) -Buenos días mujer (este es una mal comienzo, será tonto… Vamos que es evidente que soy mujer… Al minuto entra un hombre y no le dice “Hola hombre”…)”  Me entran los calores de la ira, pero intento controlarlo, mi coche está en juego… Hay que hacer de tripas corazón y aguantar las miradas, las pequeñas tonterías machistas, y la estupidez. Por fin he conseguido dejar el coche en el taller!!! He procurado ser lo más aséptica posible en lo que a relación social se refiere, dejando claro, que quiero saber absolutamente todo lo que le ocurre a mi coche hasta que lo recoja de la revisión. Pasadas unas horas, recojo el coche del taller, volviendo a soportar las mismas tonterías de antes, pero ya un poco más contenta… No tengo que pasar por este trago hasta el año que viene.

Nos vamos Dani y yo a pasar unos días a León. Estamos en un pueblo de sierra, de esos preciosos en los que se acaba la carretera (Maraña). Los  paisajes  te alientan a no parar de respirar profundamente, con el fin de que ese aire te dure todo el año. De vuelta a nuestra casita alquilada, saliendo del pueblo a velocidad de 20 km/h , el coche decide que ya no quiere cambiar más de marcha… hace un ruido espantoso. “Cariño esto no puede estar pasando…¿ahora qué hacemos?…estamos en el más allá!!…” Lugar bello, pero muy muy lejano… Realmente sentí ganas de llorar, pero comenzamos a intentar tomarlo con humor, no quedaba otra (produce mucho enfado sacar el coche del taller y encontrarte con una avería de este tipo, podíamos haber tenido un accidente).

Llamamos a la grúa (por cierto la compañía que tengo contratada hizo un trabajo excelente), y como estábamos en el «fin del mundo»en domingo, nos avisaron que tardaría tres horas en llegar….»¿En serio?, ¿dónde comemos?»

Después de comprobar las opciones ,que eran muy poquitas, nos decidimos por ir a un albergue de montaña. Estaba ubicado al terminar el pueblo, con unas vistas preciosas. Allí comimos patatas fritas, frutos secos y dos botellas de sidra… (de perdidos al rio, ya no teníamos que conducir…). Sorprendentemente pasamos unas horas muy agradables, que ayudaron a tolerar mejor el desastre.

…Llegó la grúa!! Bien!!!

Según se va acercando, vemos que vienen dos personas…y empiezo a ponerme nerviosa. ¿Cómo vamos a volver?…está prohibido ir  en el coche remolcado…madre mía! Soy una persona a la que no le gusta saltarse las normas, sobre todo si están creadas con sentido. Salen dos personas de la grúa, un hombre de unos…40-60 años, y otro bastante más joven, “el aprendiz”. Nos informan que el aviso les ha pillado por sorpresa, y que para no llegar mucho más tarde, han tenido que venir ambos. Esto suponía que el hombre  joven tendría que ir en el coche remolcado (Dani y yo flipando).

Nos montamos en la grúa con el coche remolcado (la grúa más antigua que la tana). Siguiente sorpresa, ¡no tenemos cinturones! ¿qué? ¿en serio?….no puede ser…por carreteras comarcales, lo más peligroso que existe… El «gruista» nos dice…”me molestaban, así que decidí cortarlos” e  indignado, nos relata que quisieron multarle por no llevarlo… Para remate se enciende un cigarro. ¿Os podéis imaginar cómo nos  sentíamos? …creíamos  que estábamos viviendo una de las antiguas películas de Almodóvar.

Conseguimos llegar al lugar donde estábamos alojados, un pueblo con encanto y un pasado con peso (Riaño). Nos dejan en la puerta del único taller del pueblo en el que al día siguiente nos dan el veredicto, “parece el embrague y yo ahora no puedo arreglarlo”. Hay que tomar decisiones rápidas…Volvemos a llamar a la empresa de seguros, y nos facilitan una grúa y un taxi que nos llevaría a León, donde contrataríamos un coche de alquiler para volver a Madrid. Mi coche se quedaría en León hasta que pudiesen repatriarlo (palabra que no sabía que tenía uso en este ámbito).

De camino a León el taxista fue amable, pero también  machista por su actitud en relación al coche averiado. Las preguntas relacionadas con lo que le ha ocurrido al coche, solo van dirigidas a Dani, a mí ni me mira. Aunque Dani y yo intentamos que estas cosas vayan cambiando, os aseguro que es muuuuy complicado. En fin…todavía quedan muchos resquicios de la España profunda.

También tuvimos aventura de vuelta relacionada con el coche que nos dio la empresa de alquiler, pero esta mejor no la cuento…

Bueno si. De vuelta se nos rompió y tuvimos que llamar a otra grúa. Os prometo que todo esto es cierto.

Por fin llegamos a Madrid!!!

Pasados varios días me llaman del taller al que yo había avisado para que recibiesen  mi coche de León. Después pequeñas discusiones por como tramitaron  este hecho, consigo que me lo arreglen antes de volver a salir de nuevo de vacaciones. El arreglo un dineral…

“Hola, ya está arreglado tu coche y puedes venir a recogerlo».

Allá voy!!!” Aunque tenga que volver a soportar la estupidez masculina de los talleres.

Por fin estoy fuera!!! Al coger el coche, lo noto raro, pero pienso que es normal, acaban de cambiar una pieza del embrague. Conduzco 30 metros y al hacer un giro para cambiar de calle, se para en seco…Intento arrancarlo y nada …nada de nada. Aquí se me saltaron las lágrimas de impotencia. Cojo el móvil para avisar al taller y no funciona, no consigo oír nada…¿Hay una cámara oculta?…Tuve que dejar el coche en mitad de la calle e ir corriendo al taller para dar aviso. Tuvieron que empujarlo hasta el taller.

El coche se lo quedaron en el taller unas horas, después de hacer “el arreglo fantasma”, me acercaron el coche a casa. Funcionaba correctamente, no sabían que le había pasado. …

La historia continua…tuve que volver otras dos veces al taller…por lo que el gasto de arreglos de mi coche en este verano, ha sido casi una paga extra…

Querías contaros esta historia, cómica y dramática, porque necesito expresarme como mujer. Es muy desagradable tener que llevar cada año el coche al taller. Llevarlo supone actuar y sacar a “la borde” , así evito comentarios inapropiados.  Considero que llevar  el coche al taller es mi obligación,  el coche es mío y no me parece justo  que otra persona haga lo que a mí me corresponde. Se necesita un cambio radical en el trato a la mujer en este ámbito que incluya la mirada femenina. A algunas de nosotras nos gustaría que se facilitara la inclusión de la mujer en este «mundo». Estaría genial que se potenciara la creación de talleres para mujeres.

Ojala el año que viene pueda llevar mi coche a un taller en el que me traten de forma respetuosa, profesional y me sienta cómoda.

Creo que si trabajasen más mujeres en este ámbito existiría más creatividad, menos ambición y más honestidad.

http://cadenaser.com/emisora/2018/09/10/ser_madrid_sur/1536584461_188491.html

A los hombres que leáis este relato, espero no os moleste, la mayoría sabéis que lo que he contado es cierto. Os necesitamos para que estas cosas cambien.

Buena semana a tod@s!!

Gracias por estar ahí y apoyarme con tu mirada.

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